El Reino, de Jo Nesbø

Una novela brutal. Una novela que descubre todas las miserias del género humano, las económicas, las familiares, las de pareja. Una novela que es al mismo tiempo una oda a la pasión humana. Y una novela en la que el protagonista central, malo malísimo, resulta extraordinariamente seductor, a pesar de que exhibe un variado potencial asesino a lo largo de las más de 600 páginas… que se hacen cortas.

La historia es aparentemente sencilla. Carl regresa a Noruega con su pareja de Barbados con el objetivo de construir un hotel de lujo en la finca familiar. La seducción que produce en el pueblo es la puerta a un proyecto faraónico que da pie a que se agiten los fantasmas del pasado, tanto los de Carl como los de Olsen. 

Escandinavia da pie a novelas muy duras. En este caso, el retorno a casa del “hermano pequeño” da pie para que se inicie un recordatorio de todo lo ocurrido en una casa perdida en los alrededores de un pueblo pequeño. 

Una vida con no demasiados incentivos, con un sentido de la vergüenza muy grande, que permite que la resolución de los problemas no esté basado precisamente en la mediación y la conciliación sino en la situación de dominio y en la inteligencia para el ejercicio del poder. Una historia en la que, como acostumbra a ocurrir en los pequeños enclaves, el peso de la historia acaba siendo un factor determinante del comportamiento.

Nesbø sale de nuevo de la serie de Harry Hole. Y aunque se echen de menos los personajes que le dan forma, cada vez que prueba una historia diferente el resultado es extraordinario. Pasó con la monumental Macbeth, con El heredero o con la serie de Sicarios del Sol.

Es imposible determinar si, como dice la publicidad, es el rey de la novela negra o no. La verdad es que resulta indiferente. Sus novelas tienen un punto de tensión que hace que resulte adictivo desde el comienzo. Describe perfectamente la violencia y la psicología del personaje, en unos lugares que, cuando se circula por Noruega, recuerdan sus libros y cómo el ambiente incita a que esta violencia esté presente. Unos pequeños pueblos que viven alrededor de una gasolinera, que es el lugar de diversión, comida rápida y sexo express. 

Y siempre aparece el ansia del triunfo, esa gran construcción que pretende ser un antes y un después en la vida de la localidad. En este caso, un hotel. Un hotel sobre el que se juntan delincuencia económica, violencia sexual, violencia de género, homicidios varios y voluntad de salvación a terceros que se ven afectados por el delito. Todo ello guiado por el protagonista, Roy, mecánico y gestor de la gasolinera del pueblo.

Pese a lo que se acaba de señalar, no debe pensar el lector que se trata de un snuff book ni nada parecido. Es un libro muy psicológico y ahí radica lo bueno que es. 

Es también una historia de hermanos; una complicada relación de hermanos en donde uno debe actuar siempre, desde la tierna infancia, de salvador del otro. Acaban configurando una relación de dependencia en donde la amoralidad familiar de uno acaba encontrando la horma de su zapato. Es la relación de Roy y Carl.