Globalización e independencia.

La era de la globalización ha sido propicia al nacimiento de nuevos Estados. Por razones diversas, desde finales de los años 80 hemos visto crearse tantos nuevos países como en la época de la descolonización de los años 60. Faltan algunos para materializarlo (como Palestina o el Sáhara Occidental o el Kurdistán), otros q ha perdido la ocasión, de momento (Quebec o Escocia) y otros aparentemente quieren llegar a ella en un futuro próximo (como Cataluña, California o Texas o Nueva Caledonia), aunque las condiciones y la capacidad de generar una mayoría suficiente no deja de resultar complicada, como se vio en Quebec o Escocia.

Una tendencia de afirmación de lo local como espacio de seguridad personal y de prestación de servicios que contrasta con la interrelación global, posiblemente por las peculiaridades ideológicas de la globalización. Es una tendencia que contrasta, asimismo, con el hecho objetivo de que el peso del Estado en la ejecución de políticas públicas es cada vez menor. la afirmación de Rocard hace algunos años de que el 80% de la normativa francesa tenía su origen en la Unión Europea es posiblemente la prueba más clara.

La salida del Reino Unido de la Unión Europeo ha de situarse en la misma problemática. Dicho de otro modo, los sistemas regionales de integración económica no están al margen de los movimientos locales, cuya población pueda estar temerosa por lo que ocurre en un Bruselas siempre lejano y cuya responsabilidad es complejo de exigir, tal como se vio bien en la crisis griega.

Acaso por ello, los nuevos tratados comerciales de nueva generación. Algo que van a intentar paliar con una apariencia más soft. El riesgo de nuevos TTIP está ahí. Y la ausencia de un poder ejecutivo que refleje un poder lejano permite que CETA o JEFTA hayan pasado bastante inadvertidos, con independencia del contenido que tienen.

En un sentido inverso, encontramos el caso especial de Puerto Rico que ha votado adherirse a los Estados Unidos, que ha celebrado una especie de referéndum en unas condiciones peculiares que hacen que su votación carezca de valor jurídico y político.

Cada uno de ellos tiene sus motivos y no es cuestión de que yo entre en ellos ahora. Pero, en general, es un momento de auge nacionalista, posiblemente como respuesta a esa globalización que tantos interrogantes y temores provoca.

El contexto de la globalización abre, sin embargo, interrogantes nuevos sobre la supervivencia de los nuevos países; que no se moverá de la misma forma que en los años sesenta. Supervivencia económica que no quita ni pone nada al sentimiento nacional pero que hay que analizar y de hecho ya ha aparecido alguno sobre el efecto en las regiones emergentes de Europa.

De hecho, el interrogante que plantea es si el sentimiento nacional debe ir siempre de la mano de la creación de nuevos Estados o si, por el contrario, se genera una estructura que aúne Estados plurinacionales. No estamos a mediados del siglo XIX cuando encuentra su máxima expresión la unión entre Nación y Estado. Ni siquiera cuando surgió el movimiento descolonizador (nacional) en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. El nacionalismo excluyente se da también en las entidades superiores y, por ello, hay que trabajarlo políticamente en ambos lados. Y aquí la experiencia española muestra cómo es de difícil esa convivencia que se considera casi un deshonor.

Si se optara por la creación de Estado, el interrogante encuentra su respuesta en la capacidad que tenga de ser actor global; que sea capaz de participar en la competencia de Administraciones Públicas a que hice referencia en otra ocasión. Lo cual pasa por tres elementos, en mi opinión:

1.Salvo que sea una gran potencia, lo que podría ocurrir en el caso de California, su capacidad de integrarse en un sistema regional de integración económica, del tipo de la Unión Europea. Es lo que permite que las empresas ya radicadas no deslocalicen ni su sede social ni sus actividades (al mantener la libre circulación de bienes, servicios y capitales) y que otras foráneas puedan iniciar sus actividades. Téngase en cuenta que, además, en unmomento inicial podría suponer su salida de estos sistemas, con los problemas que se acarrearían.

 La importancia que tiene la integración económica es la que está haciendo, por ejemplo, renacer un movimiento independentista frente al Reino Unido en Escocia (para reincorporarse a la Unión Europea) o en Australia, cuya finalidad es redefinir su relación económica con la Unión Europea, que se verá damnificada como consecuencia del Brexit.

2,Que dispongan de una moneda fiable -que en el caso europeo no podrá ser el euro, salvo acuerdo con la Unión Europea- en el contexto internacional, fiabilidad que dependerá de su fortaleza económica sin el respaldo del Estado del que proceden. Lo que no siempre es fácil, teniendo en cuenta de que no empiezan con las cuentas a cero, dado que heredarán parte de sus deudas. Y que, al mismo tiempo, la salida del sistema regional -caso de que sea así, como parece que ocurrirá en las secesiones en la Unión Europea- les hará perder fortaleza económica. Esta suficiencia económica será lo que permita mantener los servicios públicos, para lo que necesitarán recurrir a la deuda pública. ¿Podrán pagarla?

3.Que sean capaces de crear un sistema institucional, jurídico y judicial fiable, en particular sin problemas de corrupción. Lo cual dependerá de la trayectoria previa de los participantes en el proceso secesionista.

Todo lo anterior tiene un presupuesto: que el proceso sea creíble por la receptividad internacional, lo que afecta esencialmente a las propias condiciones en las que se celebra el referéndum, al número de votantes que tienen que participar sobre el censo y el número de votos positivos, que no pueden ser uno más que los negativos (tal como se decidió por el Tribunal Constitucional canadiense en la sentencia sobre Quebec).

 

 

Julio González García
Julio González García

Catedrático de Derecho administrativo en la Universidad Complutense de Madrid

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