L. CANFORA, G. ZAGREBELSKY, La maschera democratica dell’oligarchia. Un dialogo, a cura di Geminello Preterossi, Bari, Editori Laterza, 2014, pp. 136.

Un diálogo en cuatro actos nos proponen Canfora y Zabrebelsky sobre el Estado en el siglo XXI. Un diálogo constitucional, histórico y de futuro sobre el Estado tras la crisis económica de 2008, con la evolución de la Unión Europea y con la propia evolución de las élites dirigentes en el continente. Un dialogo con episodios dedicados sucesivamente a las oligarquías, a la Unión Europea, uno más específico de Italia -las oligarquías italianas- y un cuarto sobre el efecto que tiene el populismo en la deriva actual de Europa. Cuestiones todas ellas entrelazadas y que nos proporcionan una visión relevante de cómo está funcionando el Estado: un sistema en el que, con las palabras de Zagrebelsky, “los regímenes en los que vivimos hoy no producen estadistas, esto es, personas que incorporen la autonomía del político”.

La oligarquía. Una oligarquía de poder y dinero que está dirigiendo los destinos de Europa. En Establishment vimos como esa castah se había extendido por todos los confines del poder en el Reino Unido y lo había puesto a su servicio. Aquí, se analiza con un carácter más general y se observa como se ha cerrado en sí misma con la finalidad de protegerse, restringiendo derechos, empobreciendo a la población y deslocalizando actividades. Un sistema que requiere la democracia como forma de legitimación, aunque cada vez tome más fuerza el gobierno tecnocrático, en linea con el fin de las ideologías. Y para ello, busca legitimarse no tanto por la aquiescencia formal del demos cuanto por una eficacia cuyos parámetros autodefine y publicita él mismo.

En este gobierno tecnocrático, con este peso de las oligarquías de poder y dinero, Europa ocupa un papel relevante por su falta de definición democrática. Por un lado,  se ha de pensar en cuál es el papel que tienen los Estados en la globalización, que no es precisamente el de las grandes decisiones políticas sino el de la ejecución de decisiones de terceros y el mantenimiento del orden público, tal como señalé en otro lugar. El problema es que la globalización ha sustituido el Estado por la nada, con lo que ha abierto una autopista para deslocalizaciones que acaban repercutiendo en la calidad de la democracia y de los servicios públicos.

Y finalmente la acusación más utilizada en nuestro país en los últimos tiempos “populismo”. Un término vacío que sin embargo se podría articular sobre la idea no de democracia sino de identificación con una idea. Algo que nos conecta con el debate arriba-abajo que ha popularizado entre nosotros Podemos.

Se trata de un diálogo que, en definitiva, nos conecta con aspectos muy relevantes de la política actual y que, por ello, merece ser leído. Lectura que es tanto más relevante cuanto que en el momento actual, bajo ese manto democrático, haciendo incluso ostentación de Constituciones democráticas se está produciendo el ascenso de movimientos neofascistas.