Cataluña: ¿empezamos a hacer política? Joaquim Torra es el nuevo Presidente de la Generalidad de Cataluña. Una designación polémica como consecuencia de sus escritos contra los españoles y derivada de su autoconsideración de Presidente provisional, a la espera de que Carles Puigdemont pueda volver y ser investido.

La situación política dista mucho de ser sencilla. El discurso de Torra ha agudizado las tensiones con el Estado y esto ha abierto de nuevo todas las alarmas en Madrid. La respuesta, parece, que es la planificación de un nuevo 155. La respuesta del Gobierno de no acudir siquiera a su toma de posesión supone que los canales están cerrados y que el representante del Estado en Cataluña no se toma en consideración. Otro nuevo error.

La realidad muestra que la forma en que el Estado está intentando dar respuesta a “lo de Cataluña” se trata de un planteamiento erróneo. Abordar el problema catalán con medidas de índole jurídico, ya sea a través de los procedimientos judiciales, ya sea con exacerbar los controles jurídico-económicos al funcionamiento de la Generalidad con la intención de bloquear su funcionamiento, pueden tener un efecto inverso.

Parecería que, para el Gobierno de Rajoy, el problema  es meramente el de los dirigentes independentistas. Qué hacen y piensan. Cuál va a ser su próximo movimiento táctico.  Si fuera así sería relativamente fácil de solucionar el problema.

Hoy, sin embargo, las cosas son diferentes. El debate sobre el ámbito de aplicación del 155, si se transforma en permanente o no (como quiere Ciudadanos) y si entra TV3 no elimina la cuestión central: la política. O, dicho de otro modo ¿qué medidas va a adoptar el Estado para solucionar la desafección creciente en Cataluña? Porque es ahí y no en otro sitio donde ha de hacerse política, en la seducción a la ciudadanía. Lo demás son fuegos de artificio.

Cataluña y la política. Planteo una cuestión de medio plazo ¿qué previsiones tiene el Gobierno sobre la evolución de los jóvenes catalanes de menos de 18 años que hoy mayoritariamente están al lado independentista? Pensemos que, en el momento en que crezcan y sean mayores de edad ese colectivo va a estar, si las cosas siguen como hasta ahora, en el lado del independentismo. Eso supondrá que en cinco años, el debate 47-47 de la población catalana no se mantendrá. Las consecuencias son impredecibles, teniendo en cuenta la presión que pueden poner en el momento de ir a votar. No se oye nada sobre las medidas políticas que el Gobierno va a tomar para atraer a estos jóvenes en la integración.

O, pensando en los colectivos que se han hecho independentistas. Posiblemente la mitad de ellos sean los que, de forma natural y pasional siempre han estado ahí. Hoy hay otros que han tomado la dirección intelectual de cambiar su posición al respecto. ¿Qué medidas políticas va a adoptar el Gobierno para seducirles?

O más cercano ¿qué medidas va a adoptar el Gobierno para poder mantener la movilización de las últimas elecciones que permitió el triunfo electoral de Ciudadanos?

La aplicación del 155, las medidas judiciales y los problemas que están teniendo -que no pueden por menos que sorprender a cualquier observador político y jurídico-, han parcheado una situación (el conflicto institucional) pero no le han dado una respuesta al problema político. Ha hecho que se vea una apariencia de mejora que sólo ha sido un encubrimiento de la situación. Como la materia, se ha transformado.

No hay, no se ve una duda sobre la conveniencia de las medidas a pesar de que, en cuanto al resultado final, las cosas no estén mejorando.

Cuando hoy escuchamos el discurso de investidura de Torras ¿nadie ha echado de menos el mucho más moderado de Turull que no pudo ser elegido porque entre la primera y segunda votación tuvo que entrar en prisión?

Desgraciadamente, la situación no sólo no va a mejorar sino que va a empeorar. La ausencia de debate político sobre cómo recuperar a Cataluña es llamativo. La utilización cortoplacista de la cuestión catalana es lamentable en el caso de Ciudadanos y el Partido Popular y provoca mucho vértigo en que realmente estén pensando que cuanto peor mejor. Pensar que, de la noche a la mañana, ese 47 por ciento de personas que están por la independencia van a cambiar de postura es propio de un cuento de niños con final feliz. 

Y aquí estamos hablado de cosas mucho mas serias. Algún día alguien se dará cuenta de que el Rey está desnudo y que Cataluña está fuera del país. Y ese día nos lamentaremos por todo lo que se debió hacer desde la Diada de 2012 y no se hizo.