Elecciones en Cataluña

Elecciones en Cataluña

Ya tuvimos elecciones en Cataluña. Ya hubo reparto de escaños que van a conducir a una solución parecida a la que había antes de los comicios, en el conflicto independencia/no independencia.

A partir de este momento, a partir de esta vuelta a la casilla de salida, podemos señalar lo siguiente:

  1. La primera, y en mi opinión esencial, es ¿qué responsabilidad tiene la no política, el olvido lacerante, en la situación política catalana? Desde que el PP ha gobernado el Estado ha planteado que la realidad catalana era un “calentón” que se iría difuminando. No ha habido estudios (véase lo que ha hecho la comisión de estudios del Consejo de Estado, nada), no se han planteado iniciativas, no ha habido acción política y el resultado está aquí, la mayoría de escaños independentistas. En Génova y Moncloa deberían tomar nota de lo ocurrido y apuntarlo en su debe. Un error de libro cuyo origen se remonta a la campaña previa al Estatut, que continuó con el recurso de inconstitucionalidad que presentó el propio PP. Recordarlo hoy no es baladí.
  2. Hay que felicitar a Ciudadanos por su primer triunfo electoral. Lamentablemente para ellos, ser el partido más votado no les garantiza, sino todo lo contrario, ser fuerza de gobierno. Sin embargo, los independentistas siguen teniendo mayoría absoluta de escaños, superior a la mayoría de votos.
  3. Analizando el número de votos, los independentistas suman 90.000 votos más que en las últimas elecciones y el resultado entre independentistas y no independentistas, puede ser parejo, con una ligera victoria (200.000 votos) de los no independentistas (con independencia de que adscribir a los Comunes a uno u otro bando sea complejo). La pregunta que, desde Madrid donde resido, nos debemos plantear es ¿qué va a hacer el Estado para que dentro de diez años el resultado pueda ser diferente? Porque me parece claro que la tendencia es que el movimiento independentista pueda ganar peso electoral a medida que las nuevas generaciones entren dentro del censo electoral y puedan votar. O hacemos política -justo lo que no se ha hecho durante todo el auge del independentismo, desde 2012- o Cataluña se perderá para España definitivamente.
  4. La aplicación del artículo 155 de la Constitución ha constituido un espejismo. Ya señalé que era una opción arriesgada cuyo resultado previsible se ha visto hoy. Se creía que la suspensión temporal de la autonomía catalana (dígase como se diga) conduciría a aun solución del problema sin ningún dato sustantivo que lo sustentara, ya que el elemento emocional, ese que no se analiza usualmente en el tablero electoral, quedaba fuera de la discusión. Exponer un modo de aplicar el artículo 155 se presentó como un elemento positivo sin olvidar que, para los votantes catalanes, la visión era contraria. Y el resultado sigue siendo una mayoría independentista.
  5. ERC ha tenido un gran varapalo electoral. Puigdemont ha rentabilizado su criticado viaje a Bruselas y hoy parte como fuerza mayoritaria en este sector. La victoria, desde el lado independentista, de Puigdemont, de Junts per Catalunya ha demostrado, por otra parte, tanto la necesidad de adaptar las campañas electorales a la nueva realidad tecnológica (y Puigdemont tenía asesores importantes en esta materia) como a la dificultad de derrotar a un mito político, al que el discurso de la campaña le ha resultado sencillo de ejecutar. Lo último es un error de libro de los que pretendieron arrinconar a Puigdemont. Eso sí, esto no elimina el problema judicial que tiene Puigdemont para tomar posesión y para volver a ser el Presidente de la Generalidad. Acaso veamos a un nuev@ President de la Generalitat.
  6. Creo que Cataluña no está perdida para España, aunque esté cerca. Aquí no vale utilizar los llamamientos a la unidad de España, ni a su historia, ni tampoco negar la realidad de una parte sustancial de la sociedad catalana que quiere separarse de España. Ni siquiera el duelo será un elemento que sirva para mitigarlo. Todo lo anterior es demasiado simple para un problema complejo como es este. Sólo queda la política. Lo que no se ha hecho en los años del Gobierno de Rajoy. Política de acción positiva pero también acción en relación con el referéndum para que se decida. Algo que no se entiende fuera de Cataluña pero que puede ser la válvula que permita empezar a articular una solución diferente Y esto, mal que le pese a algunos, pasa por el diálogo. Sin tapujos y sobre todo aquello que constituya la solución del problema. La falta de diálogo es parte del problema. Ni la política española ni la catalana son capaces de estar más tiempo vinculados al problema identitario de Cataluña. Reconocer que hay un problema es el primer paso para encontrar una solución política. La inacción de Rajoy es la gran responsable de la situación actual y él será el principal responsable de que Cataluña pudiera convertirse en el futuro en un Estado independiente.
  7. España no puede resistir durante más tiempo el desafío de la independencia, sin adoptar medidas arriesgadas. Hay demasiados problemas sociales y económicos que dependen de que se adopten unas políticas que hoy están oscurecidas por Cataluña. Ni siquiera los datos macroeconómicos aguantan más el ejercicio absurdo de decir cuánto hubiéramos crecido más si el problema catalán no existiera. Esta ahí y debe formar parte de la acción de gobierno. Justo lo que no ha ocurrido.
  8. No podemos olvidar que la propia Constitución reconoce instrumentos jurídicos que afecten a la integridad territorial del país, tal como reconoce el artículo 94,1 c) de la Constitución, los cuales limitan sustancialmente la “indisoluble unidad de la Nación Española”, del artículo 2. Buscar los mecanismos de una consulta sobre esta cuestión, dirigida por el propio Estado y que incorpore los elementos básicos de una Ley de claridad, como la que hubo en Canadá, parece que son los elementos para articular un consenso.Eso sí, los referenda se convocan para ganarlos y, para ello, hace falta política.
  9. En su momento, Rubio Llorente reconocía tanto la dificultad de hacer un referéndum como la conveniencia de alterar el ordenamiento jurídico para que pudiera ser posible. El artículo que publicó en EL PAIS en 2012 (cuando todo estaba empezando y el Estado tenía unas cartas mucho mejores que las actuales) lo describía con precisión: “La Generalidad de Cataluña no puede convocar un referéndum, pero nada le impide pedirlo e incluso colaborar en su convocatoria. De acuerdo con la Constitución, esta ha de ser hecha por el Rey, a propuesta del presidente del Gobierno, previa autorización de las Cortes, que en el presente caso ha de ir enmarcada en un conjunto de normas que den respuesta a las muchas cuestiones que no la tienen en la Ley Orgánica sobre modalidades del referéndum, que no contempla una modalidad de esta naturaleza. Hay que precisar, entre otras cosas, cuál es la mayoría indispensable para considerar aprobada la propuesta, quiénes pueden votar, cuál será la circunscripción (única o provincial) en que se hará el escrutinio, cuál el contenido de la pregunta que se formula y cuál el procedimiento a seguir en caso de que sea aprobada”. Y hay que saber qué mayoría hace falta y si es sobre censo o votantes o aspectos que ahora son relevantes como el plazo entre la convocatoria y la consulta y los mecanismos de participación y debate. Dependiendo del resultado, habría que determinar ciertas cuestiones de forma consensuada y aplicando el sentido común para no caer en las leyes de la estupidez humana de las que nos habló Miguel Presno hace algunos meses.

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