Paraísos fiscales europeos en 2017 (II): el caso de Andorra

Andorra ha dejado de ser un paraíso fiscal. Podemos estar de enhorabuena, Andorra deja de ser un lugar para la defraudación de dinero de los particulares que han defraudado al erario público. Un avance, sin duda.

Andorra es un país con un sistema jurídico peculiar a cuya cabeza hay dos Jefes de Estado: el Presidente de la República Francesa y el Obispo de la Seu d’Urgel. Un país que en la actualidad está pretendiendo entrar en la Unión Europea y que ha transformado radicalmente su normativa después del escándalo de la Banca Privada de Andorra, acusada por Financial Crimes Enforcement Network de lavar dinero del crimen organizado.

Recordará el lector que uno de los elementos centrales para la configuración de un determinado territorio como paraíso fiscal es la negativa al intercambio de información con terceros países. Una práctica que proviene de Suiza (con una finalidad loable, la de evitar que los datos cayeran en manos de los alemanes durante el nazismo) y que ha constituido la lacra peor para los países exportadores de capital de forma ilícita. Andorra entre ellos.

La situación cambió el pasado año, cuando se aprobó la Llei 19/2016, del 30 de novembre, d’intercanvi automàtic d’informació en matèria fiscal  que reconoce la obligación de los cinco bancos andorranos a entregar la información sobre las cuentas de ciudadanos domiciliados en los Estados miembros de la Unión Europea.

La obligación, y esto es lo más relevante, afecta a todas las cuentas preexistentes. Las de más de un millón de dólares el 30 de junio de 2018, las menores el 30 de junio de 2019.

Andorra necesitaba dejar de ser catalogado como un paraíso fiscal para obtener respetabilidad internacional. El escándalo a que antes se aludió hizo muchísimo daño al país que se puso al borde del abismo en cuestión de días. Quedan por resolver las demandas pero ha dado un paso adelante con la eliminación del secreto fiscal. Incluso está planteándose la incorporación de un IVA del 15%. Desde luego el país se tiene que reinventar.

Con los cambios legislativos, ha aceptado la puesta en práctica del nuevo estándar de la OCDE en relación con el intercambio automático de información. Es una línea de actuación a la que se han adherido ciertos Estados europeos que realizaban prácticas equivalentes como San Marino, Mónaco o Suiza. No supone su erradicación pero es un avance. En el caso español, la importancia es mayor por la cercanía física de Andorra que permitía una mayor flexibilidad en el intercambio de dinero.

El sistema implantado no es perfecto. Se produce de forma anual, por una única ocasión, el 30 de junio de cada año natural. La información que se remitirá será de lo ocurrido en el año anterior a la fecha de remisión. Esto es, todo lo ocurrido desde el 1 de julio de 2017 estará en manos de las autoridades fiscales españolas el 30 de junio del año que viene. Incluso ha ido más allá, configurando el delito fiscal en términos más duros que la muy laxa legislación española. Allí es delito fiscal a partir de 75.000 euros.

Se entiende que esta modificación de la legislación fiscal andorrana constituirá un incentivo para que los defraudadores se sometan a procedimientos de regularización fiscal por las cantidades que tienen situadas en territorio andorrano. El breve plazo para la prescripción de los tributos en España, obra del Gobierno del Partido Popular en la época de Aznar, hará que muchos imputen las rentas a 2012 y que en sus regularizaciones paguen una parte por los últimos años. El coste de toda la operación incluyendo multas y recargos es el 70%.

Posiblemente el problema mayor al que se enfrenten los defraudadores sea el de los pisos que tienen allí, no declarados, y que si procedieran a su enajenación en la actualidad sería una operación que afloraría para España. Como afloraría de igual manera los rendimientos económicos que puedan obtener con ellos. Obviamente, queda el recurso de fijar su residencia fiscal en Andorra; aunque experiencias existen de personas de relevancia pública de que ha tenido poco éxito si hay interés en investigar su realidad.

Aunque es de suponer, también, que como la materia, los lugares de refugio de los defraudadores se hayan transformado y hayan encontrado lugares más seguros. Este es sólo un pequeño paso, que, sin lugar a dudas, resulta relevante.

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