Cataluña: La esperanza es Europa

Cataluña: El articulo 155 abre nuevos problemas

Cataluña: la esperanza está en Europa. La intervención de Puigdemont en el Parlamento trajo una efímera impresión de que algo se estaba moviendo. El requerimiento del Gobierno por el que iniciaba el procedimiento previsto en el artículo 155 de la Constitución y su recepción han vuelto las cosas al punto inicial en donde hay una manifiesta incapacidad para dar un paso adelante. Las responsabilidades no son similares y, desde luego, el ofrecimiento de una conversación que hizo Puigdemont no debía haber sido despreciada.

Si algo se movió tras el requerimiento del artículo 155 fue la presión que ejercieron los núcleos más duros de Rajoy y Puigdemont, que se pueden articular sobre FAES en un caso y la CUP en el otro. Es cierto que ni en uno ni en otro sector hay una posición unánime, porque la táctica difiere sustancialmente, pero realmente lo que se ha observado es “un paso hacia detrás para coger impulso” a fin de que la colisión sea mayor. La entrada en prisión de “los Jordis” no ha sido sino la gota que ha colmado el vaso, en una intrerpretación rigurosa tanto sobre la competencia de la Audiencia Nacional como de la utilización del tipo de sedición, frente a otros que podrían haber sido mejores políticamente.

Las dos contestaciones de Puigdemont no ha sido satisfactoria y está llena de verdades y mentiras, tal como ha señalado Ignacio Escolar. El juego de la ambigüedad calculada, con el que de su carta podía entenderse, según se pretendiese, que el vaso estuviera medio lleno o medio cerrado, no constituye un ejercicio de racionalidad en un momento de crisis gravísima.

Y desde Moncloa se ha interpretado que está vacío. Sin duda, otra falta de visión para resolver el problema.

La aplicación del artículo 155 es compleja, como ya señalé en su momento y, cada día que pasa se puede percibir que tendrá una aplicación más drástica. Lo que tengo mis dudas es que aquello que parece que se va a hacer (destituir al Gobierno catalán y convocar elecciones en el mes de enero) resulte posible de acuerdo con la letra del artículo 155. No es ni siquiera un problema político sino que entronca con los propios límites constitucionales del precepto. El artículo 155, recordemos, lo que permite es adoptar medidas que sirvan para obligar a la Comunidad autónoma a cesar en un comportamiento que atente contra el interés general del país. ¿Esto significa que se puede cesar un Gobierno y sustituirlo por otro?

Desde luego, leyendo el Estatuto de autonomía para Cataluña, Ley del Estado y que constituye la norma institucional básica de la Comunidad autónoma, no parece que se pueda nombrar un Presidente del Gobierno alternativo desde Madrid, ya que éste tiene unas causas de cese tasadas, recogidas en el artículo 67, dentro de las cuales no figura la aplicación del artículo 155. Tampoco figura dentro de las causas de terminación de la legislatura que recoge el artículo 66 la aplicación del artículo 155. Y, desde luego si se disuelve el Parlamento por el Gobierno designado desde Madrid nos encontraríamos ante una vulneración de los derechos de participación ciudadana, algo que no está previsto en el artículo 155 sino en otros preceptos constitucionales, los del artículo116.

Podemos encontrarnos con la situación de que los mecanismos de aplicación del artículo 155 pueden incurrir en contradicciones con la Constitución y con el Estatuto. Yendo más, allá, parece pertinente la pregunta que se planteaba hoy Argelia Queralt: “¿se han planteado nuestros representantes qué ocurre si la Generalitat decide desoír las instrucciones derivadas del artículo 155? ¿Cuál es el siguiente paso? Mucho me temo que, en lógica normativista, la aplicación de los estados excepcionales del artículo 116 de la Constitución y lo que ello conlleva”. Una medida tan desproporcionada que no parece que resulte admisible.

Pero en estas circunstancias, sólo cabría suspender los derechos fundamentales en Cataluña, algunos de los cuales, los de participación, ya habrían sido restringidos si se produjera la disolución del Parlamento por una autoridad que no ha sido investido de acuerdo con lo que dice la norma. Dicho de otro modo, sería una designación fuera de lo previsto en el Estatuto que si se lleva a la práctica supondría una derogación de facto fuera de lo previsto en la propia norma, concretamente en sus artículos 222 y 223.

Pero, ¿se puede aplicar el 155 en el caso actual? Porque realmente, en las circunstancias actuales, no se produce el supuesto del que partía el Gobierno en su requerimiento, que constituye un límite para la propia aplicación del artículo 155.Este es uno de los problemas del 155, que marca límites a la propia actuación del Gobierno, que en este caso se superarían.

Recordemos que lo que decía el Gobierno era preguntar si se había proclamado o no la independencia y que, en ese caso, se volviera atrás. Puigdemont dice que no se ha producido la proclamación de la independencia. Desde una pura lógica jurídica que gusta tanto a algunos, eso significa que no se da el supuesto planteado en el requerimiento y que, por consiguiente, no se puede ejercitar la potestad. Sin embargo, la idea del Gobierno es seguir adelante con la esperanza de que Puigdemont se vuelva atrás durante su tramitación, algo totalmente ilusorio.

Por ello, insisto en que en mi opinión, hay que dar una oportunidad a utilizar otras vías que resulten menos agresivas; entre otras cosas porque en la propia Constitución no se ha previsto la posibilidad de suspender las instituciones de una Comunidad autónoma; que es lo que ocurriría si el Gobierno sustituye a Puigdemont.   Ni en la Constitución ni en el propio Estatuto de Autonomía.

El Presidente de Canarias ha incidido, además, en una realidad que el gobierno no parece observar:  la aplicación del artículo 155 “no resuelve el problema” ya que hay dos millones de catalanes que “quieren ser independientes y eso no se arregla con la aplicación de la norma”. Una idea similar ha manifestado Iñigo Urkullo, Presidente del Gobierno vasco. La realidad es esa: con un número tan alto de independentistas o se da una respuesta política o es que no se está sabiendo leer el problema, lo que le incapacita políticamente para ser Presidente del Gobierno.

El fracaso de la política parece que se consuma.

La única esperanza la debemos encontrar en la Unión Europea. La reunión del Consejo europeo no se está desarrollando de una forma razonable, por la negativa de que el asunto se debata en la sala. Tal como ha aparecido en la prensa, el Gobierno da explicaciones en pasillos pero al considerarlo un asunto interno impide su debate colectivo. Una posición de encubrimiento del problema que olvida que pase lo que pase con Cataluña, tiene trascendencia en Europa, desde un punto de vista social, económico, cultural y de libertades. Aquí parece que el Ministerio de Asuntos exteriores y Cooperación no ha estado a la altura de lo necesario, sobre todo, cuando se ve que desde Bélgica se está demandando un diálogo dentro y fuera de la Constitución. O acaso es que desde Europa se ven las cosas de otra forma.

Hace una semana fue Donald Tusk, el Presidente del Consejo, el que forzó a que la puerta se abriera. El camino se cerró bruscamente y sólo Europa puede abrirlo de nuevo. Las armas de presión económica y política son, deben ser, de tanta intensidad que permita reconducir la situación. Ya he señalado en otro post, que la Declaración de Independencia (todas acaban siendo Unilaterales) tendría pocos efectos prácticos pero tendría un efecto devastador en Europa. Y, por ello, habida cuenta de la incapacidad que se ha demostrado para reconducir la situación, debe redoblarse la presión europea, discreta -porque explícita no es posible, tal como ha señalado hoy Tusk- pero eficaz.

No creo que a estas alturas Europa se pueda permitir el lujo de abrir el melón independentista. Las críticas veladas de Junker hacia el inmovilismo de Rajoy son buena muestra de la preocupación europea por cómo se desarrollan las cosas en nuestro país. Desde luego, me temo que a partir de mañana habremos cerrado una puerta para abrir otra aún más compleja.

One Reply to “Cataluña: El articulo 155 abre nuevos problemas”

  1. Fernando Lorenzo

    Desde todas las instancias le han dejado claro a los secesionistas que desde el cumplimiento de la Ley todo es posible, en rebeldía nada. Los ofrecimientos de diálogo por parte del Gobierno de la nación ha sido constantes, pero dirigiendolo a dónde puede hacerse, el Congreso de los Diputados. Pero esto no no ha satisfecho a los secesionistas empeñados en una bilateralidad que traiciona y menosprecia a las demás Comunidades Autónomas. Se han empeñado en pedir a Rajoy un acuerdo sobre cuestiones que no están en su mano. Es cierto que Rajoy podría delegar la competencia de convocar referéndum, pero también es cierto de que si lo hiciera la Comunidad Autónoma sólo lo podría convocar sobre alguna de las materias que el Estatuto de Autonomía le otorgase competencia, entre las cuales no está la autodeterminación. El Presidente del Gobierno de España que así lo hiciera cometería el delito de prevaricación y tal acuerdo sería nulo de pleno Derecho por falta de competencia y desviación de poder. Como Jurista también difiero en referencia a las posibilidades del 155. Es un artículo totalmente abierto y su contenido debe de ser concretado, sin límites a mi juicio, por el Senado.

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