Declaración Unilateral de Independencia suspendida

Declaración Unilateral de Independencia no proclamada pero suspendida

(Revisado el 11 de octubre)

El Pleno del Parlamento de Cataluña de ayer resultó de todo menos claro. No obstante, creo que se pueden extraer los seis puntos siguientes:

  1. En el minuto final, no ha habido una Declaración Unilateral de Independencia. Ha habido un doble simulacro en donde, por un lado, Carles Puigdemont ha afirmado que “asumo, al presentar los resultados del referéndum, el mandato de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república” para luego afirmar que se dejaría en suspenso durante varias semanas sin someterla siquiera a votación. El Segundo ha consistido en la firma por los diputados de Junts pel Sí y la CUP y los miembros del Govern de un documento titulado Declaració dels representants de Catalunya que ni ha formado parte del debate ni se ha votado. Esto es, ni siquiera se ha cumplido lo señalado por ellos mismos y se han irrogado una representatividad de la que carecen. Ha habido un simulacro que carece de todo valor, más allá de la necesidad de no frustrar en exceso a la ciudadanía que se había pronunciado a favor de la independencia y que se ha ido precipitadamente porque el discurso del President no ha cumplido las expectativas. La falta de claridad de todo lo que está ocurriendo es una constante y, por ello, no podemos sorprendernos del juego que han llevado los diputados independentistas. La firma de la declaración para su ulterior hibernación permite encubrir la carencia de efectos que tiene en el contexto nacional e internacional una Declaración Unilateral de Independencia.Declaración Unilateral de Independencia suspendida
  2. La presión de la Unión Europea y de los poderes económicos han sido determinantes para conseguir la hibernación de la DUI. Las declaraciones de Tusk, Presidente del Consejo de la Unión Europea, de esta mañana así como la salida constante de grandes empresas –aunque su efecto sea limitado– de Cataluña han servido como gran baño de realidad a Puigdemont y a los miembros de Junta pel Si. La manifestación del domingo ha servido como elemento final para ver que el pueblo de Cataluña tiene una opinión plural sobre el futuro.
  3. Posiblemente, lo que ha habido es una vía para intentar ganar tiempo y legitimidad ante la Unión Europea, aunque dudo mucho que Plenos como los de ayer sean el camino adecuado en esta dirección. Es de nuevo una cuestión de imagen. El Govern pretende, al mismo tiempo, que sea la Unión Europea que obligue a Rajoy a negociar. Lo de hoy, en consecuencia, ni cierra ni abre nada. La amenaza de la DUI hibernada y que puede revivir algún día sigue ahí. Desde este punto de vista, ha ocurrido algo común en las negociaciones europeas que tenían hora límite, esto es, lo que se ha conseguido es “parar el reloj” para conseguir que el dialogo nos permita hallar el marco previo que establezca las bases, por coger lo que decía la canción de Serrat, en las que se pueda lograr un marco de solución. Marco que pasará por la reforma de Constitución.
  4. Ha sorprendido, muy negativamente, la falta de flexibilidad de la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que no ha alterado una coma de un discurso que era la oposición a otra posición de Puigdemont. Frente a ello, ha resultado muy positiva la intervención de Miquel Iceta, adaptada al nuevo planteamiento del Presidente y denunciando las propias contradicciones internas de su discurso, del no sometimiento a votación de la declaración.
  5. El aparente paso atrás de Puigdemont y el acto posterior han dejado, otra vez más, a Rajoy con el pie cambiado. Su carencia de propuestas para un problema político ha sido palmaria en los últimos cinco años y ha contribuido decisivamente a que estemos en esta situación. Su recurso repetido al recurso como vía de solución del problema ha quedado repetidamente frustrado, ya que el problema seguía ahí. Tiene tiempo, hasta mañana, para entreabrir una puerta que permita que Cataluña deje de ser el monotema de la política española. No obstante, su trayectoria y los primeros pasos no parece que vayan en la dirección correcta que, por una vez, incluye esperar antes de lanzarse a una hiperactividad jurídica..
  6. Desde luego, parecería adecuado que haya una hibernación de la utilización del artículo 155 de la Constitución, que no deja de ser una opción de alto riesgo en la que el Gobierno puede tener mucho que perder. Esta hibernación debería producirse hasta que la Generalidad saque del limbo la Declaración de Independencia; caso que entienda que se ha producido. Que el Presidente del Gobierno haya comenzado el requerimiento preguntando dicho aspecto no deja de ser curioso y refleja el poco cuidado que mostró la Generalidad con su propio parecer.

En todo caso, lo único que está claro es que el proceso está en una etapa que no alcanza a ver el final y que hace ver cada día más el desgobierno de lo público, en Barcelona y en Madrid. Un gran problema para Cataluña y para España, con problemas sociales, económicos y de ética pública de extremada gravedad que no pueden esperar su resolución.