Declaración Unilateral de Independencia

Declaración Unilateral de Independencia

DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA

La hoja de ruta independentista tiene su siguiente etapa en la Declaración Unilateral de Independencia. Está prevista en el artículo 4.4 de la Ley del referéndum que dispone que si en el recuento de votos válidamente emitidos, existen más positivos que negativos, el resultado implica la independencia. Dos días después de proclamados oficialmente los resultados, el Parlamento efectuará la declaración formal y abrirá el proceso constituyente.

Aunque de las declaraciones de Puigdemont no marcan una fecha, no sería de extrañar que lo hicieran coincidir con el aniversario de la proclamación del Estado catalán en el marco de la República Federal española, el 6 de octubre de 1934.

Hasta aquí la teoría.

Pero, ¿realmente en el momento en que se apruebe la Declaración Unilateral de Independencia se podrá hablar de la Republica de Cataluña como un Estado independiente?

La independencia, esto es, la constitución de un Estado soberano que actúa como un sujeto de Derecho internacional, que tiene capacidad para ser miembro de las Organizaciones Internacionales y que puede suscribir tratados internacionales, es un proceso bastante más complejo que la aprobación de una norma, tenga el rango que tenga, en un Parlamento. La clave es el reconocimiento, interior y exterior, como Estado independiente.

Reconocimiento interior. Sólo se es independiente si se ha producido un control del territorio que quiere alcanzar dicho estatus. Un control que obliga, de entrada, a que el antiguo Estado que los gestionaba realice un acto de cesión del mismo, manifestado en su voluntad de que las instituciones españolas dejen de ejercer sus competencias en el territorio catalán. ¿Cree alguien que Mariano Rajoy va a ceder voluntariamente el territorio catalán a la nueva República? Dentro de las posibilidades para la evolución de Cataluña tras el 1 de octubre, la más previsible si se produce la Declaración Unilateral de Independencia es “poner en marcha los trámites de uso del art. 155 CE. Esta intervención podría acabar significando, entre otros, el cese de todos los altos cargos de la Generalitat y la redefinición de algunas políticas propias de la Generalitat”.

Lo que resulta exigible, y más después de lo ocurrido el pasado 1 de octubre, es que la respuesta sea política y no de uso de la fuerza. Con el Gobierno de España actual todo puede pasar, hasta que se declare el Estado de sitio en Cataluña, lo que sería otra manifestación del fracaso de Rajoy.

Reconocimiento exterior. Pero me atrevería a decir que incluso es más relevante el reconocimiento internacional del nuevo Estado. Un reconocimiento que supone que tus iguales te reconocen como “uno de los suyos”. El Derecho internacional es un derecho de Estados y para poder formar parte de los actores internacionales ha de haber un reconocimiento por parte de los iguales. Será esta circunstancia lo que permitirá formar parte de las organizaciones internacionales, de la propia Unión Europea o de la Organización de las Naciones Unidas.

Globalización e independencia constituyen una curiosa relación. Si la globalización limita el poder del Estado, la globalización exige el reconocimiento para poder ser un actor; para que pueda haber circulación de personas –salvo que vayan con el pasaporte español, ya que los catalanes seguirán siendo españoles- bienes y capitales.

Es de imaginar que el Ministerio de Asuntos Exteriores habrá realizado todas las gestiones para que nadie (ni siquiera Venezuela) reconozca al nuevo Estado. Esto sería lo que permitiría abrir legaciones diplomáticas (que requieren el acto de aceptación de embajadores), su eventual entrada en la ONU o presentar la solicitud de entrada en la Unión Europea. Si hay un reconocimiento el ridículo del Estado es mayúsculo y, por ello, se aventura como improbable.

Las condiciones en las que se ha celebrado el referéndum del pasado 1 de octubre no reunían los requisitos que se exigen de forma convencional en la comunidad internacional. La convocatoria parlamentaria, con la modificación express del orden del día y la falta de tiempo para su debate, es un elemento determinante. Pese a su importancia, la participación fue baja. Hubo alteración de los censos. Hubo circunstancias que impidieron el voto. No estaban previstas las condiciones básicas para la separación (mayoría cualificada de participantes y de votos). No estaba prevista la posibilidad de que algún municipio decidiera mantenerse en España y, por último, no se ha dado el plazo razonable de discusión que suele aparecer en la Ley de claridad. Desde este punto de vista, la aceleración del proceso en los días 6 y 7 de septiembre ha sido un elemento que juega en contra de su aceptación internacional.

Pero no podemos olvidar otros elementos que conducen a que no exista el reconocimiento. El miedo que existe en la Unión Europea a que se extienda el proceso catalán y culmine con éxito estriba en los territorios que en Italia, Bélgica, Francia se encuentran en una situación parecida. Incluso los EE.UU. tienen un problema similar con California y Texas.

Si no se producen los dos reconocimientos anteriores, la Declaración Unilateral de Independencia constituirá un acto relevante pero un fracaso en la práctica. Relevante porque supone que una institución del Estado decide manifestar su voluntad formal de separación de España y eso requiere una delicada gestión política, no la mera aplicación de una norma, como acostumbra el Gobierno.

Pero sería un acto fallido en la medida en que la Administración del Estado en Cataluña seguiría actuando, el territorio seguiría bajo el dominio del Reino de España y, desde este punto de vista “no pasaría nada” (esperemos). Internacionalmente, la falta de reconocimiento supone que Cataluña seguiría siendo considerada como una parte del Reino de España. Esto es, después del acto de proclamación de la independencia seguirá ejerciendo su jurisdicción la justicia española, los impuestos serán los españoles e incluso la Guardia Civil podrá seguir ejerciendo sus funciones. El Servicio Público de Empleo seguirá prestando sus servicios.

Precisamente por ello, el caudal de apoyo internacional que han podido ganar los independentistas como consecuencia de la actuación policial en Cataluña debieran gastarlo con precaución y la proclamación express de la independencia puede resultar contraproducente. No vaya a ser que la aventura termine en menos de 24 horas, como ocurrió en 1934. Y, al mismo tiempo, una declaración de independencia que no despliegue sus efectos conducirá a la frustración de la parte de la población catalana que ha creído en las consecuencias del proceso, que ha ido a votar y que confía en sus gobernantes que han desarrollado el proceso.

Eso sí, como argumento negociador ante el Gobierno de España ese caudal tiene un peso indudable. Y un interlocutor, Mariano Rajoy, que puede hacer que se incremente por los continuos errores que está cometiendo en la cuestión catalana.

3 Replies to “Declaración Unilateral de Independencia”

  1. marta

    Tengo curiosidad por saber qué haría el autor del blog, o qué propone al presidente del gobierno hacer en una situación como esta.

    Oigo todos los días que hay que hacer ” otra cosa” que el gobierno ” no ha gestionado bien” pero me gustaría oir o leer una propuesta concreta. Yo no la tengo, la mayoría de las posturas se quedan en una absoluta ambigüedad..

  2. Carlos Amoedo

    No queda más remedio que la negociación y el diálogo. En democracia, eso pasa por los parlamentos. Hay que iniciar una reforma constitucional. Supongo que el PP bloqueará cualquier intento de disolver las cámaras y convocar proceso constituyente por la vía del 168. Pero hay que iniciar la vía del 167 con propuestas concretas que permitan desbloquear la situación. Lo que no se puede tolerar es que el PP se siga atrincherando detrás de la Constitución de 1978 o de las FCSE, o del TC. Tenemos que sacar al PP del bucle de la Moncloa.

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