Hoy 11 de Septiembre se cumple el 44º aniversario del golpe militar de Augusto Pinochet contra la Presidencia democrática de Salvador Allende. Un golpe de consecuencias funestas para toda América Latina y en el que no se puede olvidar la mano que meció la cuna. Un golpe de Estado en el que el número de víctimas supera las 40.000 personas, de ellas 3.065 están muertas o desaparecidas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990.

Recordemos hoy uno de los mejores discursos de Allende, el que pronunció el 2 de diciembre de 1972 en el Auditorio del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, Jalisco (México). Un discurso en el que habla de problemas de hoy de ayer y de siempre. Y recordemos también, que acaso un día, acaso lo esté haciendo ya mismo,  la misma mano vuelva a mecer la cuna.

 

Conviene recordar que Chile ha sabido que al dictador no se le entierra ni con honores ni sin ellos. El quería un mausoleo que se le ha negado. El lo quería incluso mayor que el de Allende, que se le ha negado. El Gobierno constitucional le entregó las cenizas a su familia que las escondió. Hasta ellos saben las consecuencias de lo ocurrido entre 1973 y 1990.