Cuarta Revolución Industrial y los retos para los Gobiernos. La cuarta revolución industrial está aquí. Una revolución que está caracterizada por la digitalización, por la Inteligencia Artificial, y aprendizaje de las máquinas. Vendrán cambios dramáticos en relación con la robótica, la impresión 3D, la nanotecnología y la biotecnología, la ciencia de los materiales por citar sólo algunos de los avances que se prevén.

Una revolución que no sólo va a consistir en cambios tecnológicos sino que resultará relevante por su magnitud y por la velocidad a la que se va a desarrollar. Pero, al mismo tiempo, la cuarta revolución industrial es impactante por la integración de conocimientos y de disciplinas. El impacto de la Inteligencia Artificial, por último, irá creando nuevos ecosistemas, como del de la llamada informática ambiental, del cual los asistentes personales tipo Siri son una primera muestra.

El Gobierno, los gobiernos, están en el centro de esta revolución. De entrada, porque serán responsables de que el acceso a la tecnología cree más ciudadanos incluidos en la sociedad global y sus beneficios.

Asimismo, deberán ser conscientes del conflicto que siempre surge entre el favorecer el avance tecnológico o limitarlo y de las consecuencias que en todos los campos va a tener para el desarrollo normal de la acción de Gobierno. Una tarea en la que deberán ser conscientes, al mismo tiempo, de la imposibilidad que plantea el desarrollo científico y tecnológico. Lo cual llevará al análisis de las implicaciones éticas de los cambios, teniendo en cuenta el impacto, por ejemplo, de la Inteligencia Artificial en múltiples aspectos de la sociedad.

Al mismo tiempo, tendrán que afrontar retos derivados del volumen de las grandes empresas tecnológicas con un volumen de negocio superior al PIB de muchos países y que están diseñando la nueva sociedad con una plantilla mínima y con costes de producción realmente limitados.

Todo ello combinado con la realidad de la facilidad que tiene la deslocalización de actividades y la aparición de mayor número de presencias virtual del individuo fuera del ámbito físico en el que realmente se encuentra -a través de las VPN-, con lo que supone de limitación en su actividad de supervisión y el efecto negativo sobre la recaudación fiscal.

Algo que no se está analizando suficientemente en nuestro país a pesar de que lo tenemos encima. El contraste con el Informe de la Administración Obama en relación con el impacto de la Inteligencia Artificial es muy considerable.

Lo que vamos a ver en los próximos años son cambios en regulación, en organización y en consecuencias en todos los ámbitos de la actividad pública. Aquí pretendo proporcionar algunos elementos que sirvan como ejemplo del cambio que tendrán que realizar los entes públicos.

Veamos algunos efectos de esta revolución sobre la actividad de los Gobiernos.

1. La tecnología derivada de la cuarta revolución industrial, de entrada, favorecerá el empoderamiento ciudadano lo que tendrá el efecto positivo de mejorar su participación en la vida pública. Un empoderamiento ciudadano que vive, al mismo tiempo, un descenso en la calidad de la democracia que repercute, a su vez, en una menor participación en los procesos de votación. Dicho de otro modo, este empoderamiento se manifestará en mecanismos alternativos de participación en la vida pública, cuya dirección por las autoridades será mucho menor.

Al mismo tiempo, si los gobiernos son capaces de incorporar esta revolución a su actuar diario, dispondrán de una gran capacidad de control sobre la vida ciudadana, que nos acerca peligrosamente al “Gran Hermano”. Un control de datos que puede tener muchas aplicaciones positivas, en relación con la movilidad urbana -y el aprovechamiento de la capacidad-, la seguridad de peatones y personas en las calles, la utilización de la energía, la reducción de la contaminación. Y pueden contribuir a un rediseño de las ciudades más adecuado.

El riesgo mayor, en mi opinión, vendrá por las concentraciones de poder e información en las plataformas digitales, de naturaleza privada. Esto debería obligar a un esfuerzo de colaboración internacional para limitar el tamaño de las empresas y para permitir un mayor control ciudadano.

2. ¿Regulamos los algoritmos? La pregunta puede resultar extraña, dado que lo que planteo es regular una fórmula matemática. Pero un algoritmo será lo que, en el futuro, permita la conducción en los coches inteligentes que están haciendo en EE.UU. Se trata de unos algoritmos que dejarán sin sentido en pocos años las licencias de conducir que llevamos en nuestros bolsillos y que, por consiguiente, deberán cumplir con ciertos requisitos para garantizar un nivel adecuado de seguridad. Es una exigencia para su funcionamiento y que resultará relevante también para articular un adecuado régimen de protección de consumidores.

Regular los algoritmos es bastante más que decidir cómo se puede conducir el coche del futuro. Su regulación supone articular reglas básicas de planificación y control, de igual forma a que se hace en otros ámbitos de la ciencia y que reciben el examen de las Administraciones públicas, como en materia de construcción. Supone su monitorización para examinar, por ejemplo, aspectos de su estabilidad para prevenir daños y para examinar la funcionalidad que tienen y las que resultan necesarias. Y, en tercer lugar, nos lleva a un análisis retrospectivo de los desastres para evitarlos en el futuro, tal como se hace ahora, por ejemplo, después de los accidentes aeronáuticos.

La regulación de los algoritmos es, además, un ejemplo de cómo la actividad reguladora deberá pasar por el tamiz de la cuarta revolución industrial. Los relativamente largos procesos legislativos actuales deberán adaptarse para cumplir mejor su función. Agilidad para cumplir su función que requerirá personal más cualificado.

La regulación de estos algoritmos vinculados a máquinas nos pondrá en la pista de los problemas que plantearán aspectos mucho más trascendentes, como la edición del genoma humano.

3. Una de las características que tiene la cuarta revolución industrial es la utilización de medios de pago diferentes a los tradicionales, cuya característica es la descentralización. Medios de pago que nos conducen a dos tipos de problemas: la propia necesidad y efectos del dinero público, el que conocemos en la actualidad y que serán sustituidos, de nuevo, por algoritmos articulados a través de las blockchain, que pueden ser traducidos por los libros de contabilidad distribuidos. Aunque las blockchains constituyen un libro abierto en el que quedan registrados todas las actividades económicas que se hagan con ellos, no deja de caer fuera del poder estatal.

Los procedimientos alternativos de pago y la creación de blockchain de tipo bitcoin se están desarrollando con gran celeridad y pueden afectar muy considerablemente a los Bancos Centrales y, en particular, a uno de sus elementos básicos, la política monetaria. Tengamos presente que funcionan de forma paralela a la moneda pública y se articulan en base a confianza y a un valor económico dependiente del número que existe. De hecho, las Bitcoins están en la actualidad en medio de una gran burbuja que ha incrementado sustancialmente su valor.

Al mismo tiempo, la descentralización de los medios de pago obstaculiza la capacidad de las autoridades públicas en relación con el origen y destino del dinero. Provocan, además, dificultades en analizar la transcendencia fiscal de ciertas operaciones económicas, lo que ha hecho, por ejemplo, que en el Reino Unido se apruebe la Snooper Act cuya finalidad es, precisamente, hacer un examen indirecto en función de las transacciones económicas que se hagan a través de internet. Asimismo, habrá que impulsar mecanismos cooperativos entre Estados para garantizar al menos un flujo impositivo a través de los Impuestos sobre Transacciones.

4. Uno de los impactos mayores se producirá en el marco del trabajo y la producción. No es sólo la constante caída del peso del trabajo manual en el PIB lo que abrirá una brecha más considerable aún entre el trabajador físico y el intelectual; entre los que dependen de su trabajo y los que son propietarios de los medios de producción, básicamente el capital.

De hecho, hemos de ser conscientes de que en el futuro habrá empleos que tiendan a desaparecer. Pensemos en la conexión entre los vehículos que conducen sin conductor y el sector del transporte de mercancías por carretera. O algo que ya está en nuestras vidas, el transporte metropolitano sin conductor. Para comprender la magnitud de los cambios y el impacto que tendrá en la sociedad, podemos aportar un dato: en Detroit, las empresas de fabricación de coches tenían en 1990 1.2 millones de trabajadores. Hoy las tres más importantes de Silicon Valley tienen sólo 137.000.

En esta línea, las modalidades de trabajo están cambiando, impulsando las plataformas que desarrollan “economía bajo demanda”, denominación que me parece más adecuada que la de economía colaborativa. Esto abre nuevas dificultades en relación con la articulación de los sistemas de protección social e incluso con la propia capacidad recaudatoria de los Estados.  Más aún, la introducción de mecanismos de inteligencia artificial y de toma de decisiones electrónicas nos conduce a una pérdida de empleos y a otras consecuencias en materia de responsabilidad.

En el ámbito de las relaciones de puestos de trabajo de las Administraciones Públicas, por el contrario, exigirá la incorporación de personas adaptadas a estas nuevas tecnologías, algo que se impulsará por las actuaciones realizadas en el marco de la Administración electrónica.

Estas economías bajo demanda están cuestionando algunas regulaciones tradicionales, como la del taxi a través de Über. Regulación que está planteando, por un lado, el propio concepto de empresa -¿no es Über una gran empresa de transportes sin coches?-, está conduciendo a una situación anti competitiva y está provocando una gran revolución como consecuencia de los nuevos estándares de calidad.

No se debe pensar que la cuarta revolución industrial afectará únicamente a trabajos que no estén altamente cualificados, sino que también afectará a ciertas modalidades de trabajo de los denominables como los de “cuello blanco” verán incrementada la presencia de la Inteligencia Artificial en ciertos ámbitos, como podría ser la auditoría.

Todo lo anterior no significará que no existan nuevas oportunidades laborales. Lo que sí hay que plantearse es si los sistemas públicos de educación y ciencia están en condiciones de abordar el cambio que requiere la sociedad en este momento. Un problema que es especialmente significativo en un país como el nuestro que ha reducido sustancialmente el presupuesto público en esos dos ámbitos, justo cuando en otros países se ha incrementado. El reto es tanto más importante cuanto que el riesgo esencial que puede materializarse es el de una desigualdad insoportable

5. Las modalidades de fabricación de productos experimentarán cambios muy considerables a partir de la llamada “fabricación aditiva” cuyo máximo exponente son las impresoras 3D que están desarrollándose rápidamente. Unos cambios que tendrán efectos diversos sobre el trabajo, la salud y el medio ambiente. Sin lugar a dudas, pensar en la fabricación de prótesis y cómo se gestionarán los stocks de productos en los hospitales será objeto de gran reflexión.

Y al mismo tiempo, dificultarán la seguridad y pondrán en tela de juicio aspectos que tenemos muy interiorizados, como es el control de las armas de fuego, ya que en un periodo no demasiado largo de tiempo permitirán la creación de armas de un solo uso.

 

6. La gestión de los datos personales también incrementará su problemática. El mercado global de datos personales es una realidad que estamos generando día a día con nuestras actividades cotidianas. Fijémonos un poco en lo que en este momento es capaz de hacer cualquiera de los grandes propietarios de nubes para el almacenamiento de información (sí, esa que transmitimos con nuestros correos electrónicos o paseando con nuestro smartphone). No sólo es capaz de reconocer imágenes y sonidos, no sólo es capaz de determinar las IP desde las que navegamos, sino que puede entrar dentro de lo que se denomina el deep learninga través de la cual puede interpretar los requerimientos de los seres humanos para adaptarse a ellos.

Todas ellas se encuentran en Utah o Nevada y permite a los operadores obtener pingües beneficios por la cesión gratuita de datos que hacemos a diario. Todo ello en un contexto en el que aquél país se parece cada vez más claro lo que señaló Tzodorov  “My name is America and I’m a dataholic”.

En Francia, por el contrario, se está empezando a desarrollar un debate público en relación con esta cuestión, aunque se quede en la cuestión fiscal. Se ha hablado, de este modo, de arbitrar un mecanismo de cobro de impuestos por el beneficio obtenido por el “trabajo” gratuito de los internautas.

Estos son unos primeros aspectos que se pueden señalar sobre el impacto de la cuarta revolución industrial en el desarrollo de la actividad de gobierno. Hay otros elementos que habría de analizarse, como es su vinculación con la seguridad en sentido amplio, dado que los cambios que se avecinan harán más accesibles a muchas personas la producción de daños masivos. En próximas entregas veremos algunos exponentes.

Lo que es importante retener es que la cuarta revolución industrial está aquí. No es una cuestión opinable, no es un algo evitable, consiste en que la sociedad y los Gobiernos se adapten para los cambios que la evolución de la ciencia nos traerá.