Puerto Rico: un plebiscito sin valor jurídico ni político. Puerto Rico votó ayer de forma aplastante a favor de transformarse en el Estado 51º de los EE.UU., de acuerdo con las previsiones de la Ley para la Descolonización Inmediato de Puerto Rico de 2017. En efecto, el 97.18% de los votantes lo hicieron por dicha opción mientras que el 1,50% optó por libre asociación/independencia y el 1.32% por el mantenimiento de la actual situación.

Sin embargo, ha sido un gran fracaso del Gobernador Roselló, por las cinco razones siguientes:

1. La participación de la población puertorriqueña en este referendum que se pretendía de capital importancia no ha llegado ni siquiera al 23% de los 2,260,804 votantes registrados y, por consiguiente, llamados a las urnas. Un porcentaje que resulta ridículo para pensar que el referendum tenga algún valor  ni político ni jurídico en relación con la posición de la población puertorriqueñas sobre su situación jurídica. Si tiene valor es el del debilitamiento del Gobernador Roselló.

Resulta absolutamente fuera de la realidad que en la declaración institucional en la que describe someramente los pasos que se van a dar a partir de ahora, no cite siquiera el dato de la participación. Sólo la mayoría aplastante de votantes a favor.

Puerto Rico: plebiscito sin valor

2. La participación ha sido baja porque el estatus jurídico de Puerto Rico no es la preocupación primordial para la población, angustiada con una crisis económica galopante y con la amenaza de unos recortes que pueden rebajar sustancialmente el nivel de vida en la isla. Una crisis que tiene mucho que ver con la aceptación, por parte del padre del actual Gobernador, de la derogación de la Sección 936 de incentivos fiscales a Puerto Rico, en diciembre de 1995.

Tropas de USA en Puerto Rico

Paradójicamente, durante la campaña no se efectuó ninguna relación entre la situación económica y el resultado del referendum, ni que consecuencias tendría para el pago de la deuda. Tampoco se abordó el problema del impacto que tendría en la Junta de Control Fiscal. Posiblemente porque, como veremos más adelante, no había respuesta estadounidense sobre cómo se iba a recibir el resultado electoral.

3. La participación es un gran fracaso para el Gobernador Roselló, que ni siquiera consiguió que todos sus votantes de hace un año -unos 700.000- acudieran a las urnas. Ha perdido durante el camino unos 150.000 votantes.

4. El referendum ha estado mal planteado. La población no sólo no respondía a las inquietudes reales de la población sino que ni siquiera sabía cuáles eran las consecuencias reales del resultado. Todo ello a pesar de esta larguísima pregunta: Con mi voto realizo la primera petición al Gobierno Federal para comenzar el proceso de descolonización a través de: (1) “Libre Asociación”: prefiero que Puerto Rico adopte un estatus fuera de la cláusula territorial de la Constitución de los Estados Unidos, que reconozca la soberanía del pueblo de Puerto Rico. La Libre Asociación se basaría en una asociación política libre y voluntaria, cuyos términos específicos se acordarían entre Estados Unidos y Puerto Rico como naciones soberanas. Dicho acuerdo dispondría el alcance de los poderes jurisdiccionales que el pueblo de Puerto Rico autorice dejar en manos de Estados Unidos y retendría los restantes poderes o autoridades jurisdiccionales. Bajo esta opción la ciudadanía americana estaría sujeta a negociación con el Gobierno de los Estados Unidos; o (2) La Proclamación de la “Independencia”, demandó al Gobierno de los Estados Unidos que, en el ejercicio de su poder para disponer del territorio, reconozca la soberanía nacional de Puerto Rico como una nación totalmente independiente y que el Congreso federal promulgue la legislación necesaria para iniciar la negociación y la transición hacia la nación independiente de Puerto Rico. Mi voto por la Independencia representa, además, mi reclamo de los derechos, deberes, poderes y prerrogativas de las repúblicas independientes y democráticas; mi apoyo a la ciudadanía puertorriqueña; y a un “Tratado de Amistad y Cooperación” entre Puerto Rico y los Estados Unidos con posterioridad al proceso de transición.

En efecto, los EE.UU. no habían dado ninguna indicación sobre la receptividad que iba a tener esta medida. Esto es, nada más paradójico el hecho de que a partir de ahora se tenga no que negociar las condiciones de una hipotética incorporación, sino que hay que dar el paso inicial, que no es otro que el de conseguir que se abra la puerta. Algo que, desde luego, no resulta previsible con tan baja participación. Desde luego, en estas condiciones, nada hay más ridículo que el resultado de la consulta sea la nada, la falta de respuesta del que tiene que ser receptor de la medida.

El resultado del referendum y su valor político refleja perfectamente que no basta con poner urnas sino que han de darse las condiciones adecuadas para que el resultado tenga valor. Condiciones que afectan esencialmente a la participación -condición necesaria- y al porcentaje de votos a favor. Pero que, supone, asimismo, que la ciudadanía conozca todas las consecuencias de su acción u omisión. Algo que en este caso, era un requisito que no se cumplía  porque las autoridades estadounidenses no se habían pronunciado. Lo que transforma en derrota lo que hoy el Gobernador Roselló ve como victoria.

Puerto Rico: Referendum sin valor