Banca en la sombra.

Shadow banking: los riesgos de la banca

Shadow banking: riesgo de la banca en la sombra. El 15 de septiembre de 2008 se producía la quiebra de Lehmann Brothers; el símbolo de la crisis financiera cuyas consecuencias seguimos padeciendo. La crisis que estalló en ese momento fue una crisis provocada por la mala gestión de las entidades financieras y una deficiente regulación de este sector económico (cuyo máximo exponente fue la política desreguladora de Alan Greenspan).

A la hora de encontrar una causa de la crisis, lo podemos encontrar en la falta de criterio de la banca privada en cuanto a la gestión de los riesgos habidos en la actividad crediticia ya se otorguen los créditos a Estados fallidos económicamente como Grecia -como ha ocurrido con la Banca alemana o francesa, lo que explica el peso político que tiene la crisis griega en la zona euro a pesar de su limitado peso económico- o a entidades privadas como en los demás países, empezando por los EE.UU. y siguiendo por Europa (especialmente en nuestro país con todas las hipotecas concedidas para engrasar el sector de la construcción, tan protegido en el periodo 1996-2004). Esta es una crisis de la banca, cuyos efectos los hemos socializado a través del desempleo, la precariedad laboral y las rebajas salariales y publificado a través de los rescates y ayudas varias a las entidades de crédito.

Parecía que se había aprendido de la crisis y que se habían arbitrado las medidas legislativas necesarias para evitar una nueva. De hecho, en los últimos años se habían reforzado las exigencias a los bancos para proporcionar una fortaleza de la que carecieron en 2008. Sin embargo, al tiempo que se producía esta nueva regulación, se estaba desarrollando a gran velocidad el instrumento que puede dejar sin sentido toda la ordenación de la banca: el shadow banking, la banca en la sombra. Unas prácticas que, no lo olvidemos, están en el propio origen de la crisis de 2008 ya que la estructuración, titulización y venta de créditos conforman su elemento central.

¿Qué es el shadow banking?

Está constituido por todos los instrumentos y prácticas financieras que circulan en paralelo a las entidades financieras tradicionales y que, por ello, no tienen esta consideración. Habría que agrupar aquí a todos los vehículos de financiación que se han desarrollado en los últimos años y cuya importancia es creciente. En el último informe del Financial Stability Board se señala que en los 24 Estados analizados suponía 36 billones de dólares (sí, sin error), esto es el 59 de l PIB de los países analizados y el 12% de sus instrumentos financieros. No es, por tanto, cualquier cosa.

De este modo, participan en el shadow banking la banca de inversión, los fondos especulativos (hedge funds), los fondos de inversión (fondos, de pensiones, sociedades de seguros), fondos de private equity y los mecanismos especiales de inversión.

¿Por qué se ha desarrollado?

Si queremos ser inocentes, podemos pensar que ha cumplido la función que la banca no ha querido realizar, la de dar crédito. De hecho, el Parlamento europeo ha señalado que “son vitales para financiar la economía real y conviene tener la debida precaución al definir el alcance de toda nueva medida reglamentaria o la ampliación de las ya existentes”.

Cuando se ve la relación que hay con la banca tradicional se observa que este argumento es una mera excusa. En mi opinión, el auge de la banca en la sombra deriva de querer mantener un modo de funcionamiento alejado de las rigideces que se han incorporado a la regulación bancaria, como consecuencia de la crisis económica. Es, por así decirlo, una “huida del Derecho bancario”; a la cual, como veremos con posterioridad, no hay voluntad de hacer frente.

¿Qué riesgos plantea?

El riesgo esencial es su importancia creciente en la realización de operaciones financieras sin estar sometidos a los límites que tienen los bancos y demás instituciones de crédito en la luz. Una situación que es especialmente grave teniendo en cuenta la interrelación de la economía globalizada que hace que, pese a que países como España no la tengan muy desarrollada, una situación de crisis motivada por la banca en la sombra puede extenderse de forma global.

A su lado, el problema más relevante que tiene es el de su relación con la banca tradicional. Frente a las reglamentaciones severas que se están imponiendo (bastante más en EE.UU. que en Europa, todo hay que decirlo), la banca tradicional está sacando de su estructura convencional ciertas actividades que las está ejecutando desde lo que se denomina banca en la sombra. En principio, se desarrolló desde EE.UU., pero en la actualidad los grandes bancos europeos, como UBS, Deutsche Bank, BNP- Paribas y Barclays son tan activos como bancos americanos como  Citigroup, Goldman Sachs o Morgan Stanley. En el caso de los europeos, operan a partir de sus filiales en Londres y New York.

De hecho, resulta paradójico que el Parlamento europeo alerte de estos riesgos pero en el periodo 2012-2015 no haya hecho nada al respecto: “subraya la necesidad de garantizar que todas las entidades del SBS que estén patrocinadas por bancos o vinculadas a ellos estén incluidas en los balances de los bancos a efectos de consolidación prudencial; invita a la Comisión a estudiar, para mediados de 2013, cómo asegurar que las entidades que no estén consolidadas desde el punto de vista contable lo estén a efectos prudenciales a fin de potenciar la estabilidad financiera global; alienta a la Comisión a tener en cuenta toda orientación procedente del BCBS o de otros organismos internacionales para una mejor armonización de la contabilidad y del ámbito de consolidación basado en el riesgo”.

Esta situación hace que la materialización del riesgo en las entidades del shadow banking se transforma en una transferencia automática a la banca tradicional, con las consecuencias que conocemos todos.

¿Cómo está abordando la Unión Europea su regulación?

Frente a lo que se ha señalado por algunos, que han señalado que lo que hace falta en la regulación es “más luz” sobre la banca en la sombra; el problema central es la falta de regulación suficiente.

 

En EE.UU., se aprobó la Dodd and Franck Act en 2010, que incorpora medidas destinadas a limitar el riesgo en la banca comercial y, en particular, el que deriva de las relaciones con entidades propias del shadow banking. Medidas que fueron en la buena dirección pero que siguen siendo insuficientes. El Parlamento europeo aprobó Resolución del Parlamento Europeo, de 20 de noviembre de 2012, sobre el sistema bancario en la sombra, (publicada, por cierto en diciembre de 2015) que incorpora una serie de recomendaciones y daciones en cuenta.

No resulta suficiente para el problema que está encima de la mesa, a pesar de que haya habido Propuestas de reglamento del Parlametno sobre algunos aspectos del shadow banking, tal como la Propuesta de Reglamento sobre la transparencia de las transacciones de financiación mediante valores, de noviembre de 2015. No lo es, por su importancia creciente, ni lo es por las consecuencias de la crisis de 2008 y el desigual reparto de sus consecuencias. Y, desde luego, la Unión para el Mercado de Capitales, a que me referiré en un próximo post, no parece ser una buena indicación.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *