Brexit: primer paso de un largo camino. El Reino Unido ha activado el mecanismo del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para materializar el Brexit que decidió su población el año pasado. Es la consecuencia necesaria de una irresponsable decisión del Primer Ministro David Cameron para solucionar un problema del Partido Conservador y una buena campaña populista durante el último año y medio han conducido a que el 52% de los votantes se pronuncien por la salida.

Una decisión que, sin embargo, no debe sorprender especialmente, teniendo en cuenta que el Reino Unido entró tardíamente, en 1973, con numerosas especialidades para salvar una opinión pública no demasiado favorable (aunque hay que recordar que en 1974 se pronunció de forma tajante a favor de mantenerse en lo que entonces era la CEE.Y que el impulso populistade derechas en el Reino Unido esta en alza. Lo que hace aún más irresponsable la decisión de Cameron y especialmente que diera más de un año a la campaña del NO.

El Reino Unido se ha tomado su tiempo. Sólo él podía iniciar el procedimiento y debía establecer la estructura organizativa que le permitiera una negociación con ciertas posibilidades de éxito.

A partir de este momento caben extraer las siguientes conclusiones:

  1. El proceso será largo y complicado, lo que hace que se deba mantener la calma y no alterarnos ante cualquier discrepancia, aunque sea muy fuerte. Ambos necesitan llegar a un buen acuerdo de divorcio y, por consiguiente, la negociación será dura. Lo que hemos vivido hoy, la discrepancia anglo-germana sobre la metodología no es más que el primer escarceo de un proceso que está sin diseñar en los Tratados y que motivará muchas discrepancias entre los propios socios europeos. Por tanto, debemos armarnos de paciencia, ya que el resultado final no lo veremos hasta que las manillas del reloj lleguen al último segundo del último día (y eso si no se para el reloj para darse más tiempo).
  2. El Reino Unido ha mostrado, utilizando los mimbres de la diplomacia británica, cuáles son sus planteamientos negociadores. No sé si el que se va está en la mejor posición para ser tan exigente en una negociación como aparentan los párrafos en los que parece ser dura con los europeos. En todo caso, nada extraña al hecho de que quiera negociar el futuro tratado de cooperación a la par que se negocia la salida. Tendría que abonar unas compensaciones importantes a la Unión y es lógico que quiera atemperarlas dentro de un proceso más amplio.De hecho, no parece despreciable este planteamiento que ha rechazado Alemania a la luz de la literalidad del artículo 50: “la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión”
  3. La Unión Europea juega con la ventaja de saber cómo negociar las ampliaciones y poder ponderar todos los intereses en presencia. No obstante, aunque sea Bruselas la que lleve la negociación, la posición de todos los socios europeos no es unánime. España, por ejemplo, aparenta ser mucho más suave que Alemania.
  4. Las relaciones económicas entre el Reino Unido y la Unión Europea hacen que, por interés recíproco, haya que suscribir un acuerdo comercial entre ambos. Un acuerdo comercial que no sería una novedad, teniendo en cuenta los que en la actualidad se han negociado o se están negociando con México, Corea del Sur, Singapur, Canadá o EEUU. Sí, el problema económico se resolverá con un Acuerdo de amplio espectro, parecido al TTIP con el Reino Unido, y por tanto con todo el coste político y la crítica de la ciudadanía, agravado por el hecho de que se han ido. Económicamente se pueden articular relaciones equivalentes a las actuales, con una estructura jurídico política parecida a la de estos Tratados, con sus cooperaciones regulatorias y sus arbitrajes de inversiones. Y el Reino Unido encontrará la visibilidad que hoy no encuentra en la Unión Europea. De hecho, es lo que está en la carta de Theresa Mays.
  5. Distinto es el problema geopolítico para Europa. La salida del Reino Unido da un mensaje políticamente muy negativo, ya que Europa pierde fortaleza y relaciones con EEUU. . Y el efecto dominó no puede ser despreciado. En mi opinión, el Acuerdo ente el Reino Unido y el Consejo europeo para evitar el Brexit había superado los límites de los principios comunitarios, sobre todo en libre circulación de personas. Desde este punto de vista, no podemos obviar este factor positivo de la salida británica. Se defienden mejor los valores de la Unión Europea.
  6. Pero los movimientos que hoy afloran en Europa aconsejan una redifinición del modo de funcionar de la Unión Europea, qué valor se ha dado a la política de austeridad -hoy inserta en los Tratados-, como ha aceptado cosas inadmisible (los paraísos fiscales europeos, por ejemplo) y cómo ha ejercido su poder de intervención y control sobre las grandes corporaciones. Y como ha atendido a los problemas sociales y de solidaridad.Y, en esta línea hacer política para superar las ganas que puede haber de una separación de otros países de la Union, que se vinculan a los populismos de extrema derecha. ¿Estarán los dirigentes europeos preparados para ello?
  7. En el camino posterior a las próximas elecciones queda el “otro Brexit”, el de la salida del tribunal Europeo de Derechos Humanos. El Reino Unido no ha tenido nunca una relación pacífica con el Tribunal. Han existido algunas condenas en relación con el comportamiento de las fuerzas de seguridad británicas en la lucha contra el IRA; se ha cuestionado algunas decisiones judiciales sobre las condiciones de determinados presos en sus cárceles. Pero en los últimos diez años, se han producido dos resoluciones que han tensado esta relación: la relativa a John Hirst, al que se le restringía el derecho de voto por estar detenido y, más específicamente, la de la sentencia Hassan, que considera que la Convención de Roma se aplica en los casos de conflictos armados. Una situación que hizo declarar al antiguo Primer Ministro, David Cameron, que no había nada que aprender de los jueces de Estrasburgo.
  8. El camino para la denuncia de la Convención Europea de Derechos Humanos  es mucho más sencillo que el de la salida de la Unión Europea. Bastaría una comunicación ante la Secretaría General con un preaviso de seis meses. Sólo se produjo temporalmente en un supuesto: el de la Grecia de los coroneles golpistas. Pero tiene una consecuencia radical: supone la salida del Consejo de Europa. ¿es una solución consecuente con la deriva actual del Reino Unido?