Populismo. El populismo es un elemento fundamental para entender la política europea en la actualidad. Es una forma de hacer política que reivindica al pueblo, a la patria y se nutre de otras ideologías.

De derechas o de izquierdas, los encontramos en prácticamente todos los países europeos y con un peso creciente en la escena política. UKIP, Alternative für Deutschland, Front National, Syryza, Podemos, Amanecer Dorado o Ciudadanos son partidos populistas. Tanto que los partidos tradicionales los han colocado en el centro de su crítica con el fin de limitar su crecimiento.

Crítica que se suele complementar con un desprecio, por considerarlo carentes de ideología. En mi opinión, el populismo se debe situar en otro lado, en la forma de hacer política. Esto es, los partidos populistas tendrán un poso ideológico determinado al que añaden una determinada forma de ser actores políticos. De hecho, se podría decir que en el norte de Europa son mayoritariamente de derechas y en el sur de izquierda, salvo el caso de Ciudadanos.

El origen del auge de los partidos populistas se debe situar en mi opinión en la respuesta que se proporciona desde las instituciones y los partidos políticos tradicionales a la crisis económica de 2008. La falta de empatía con la ciudadanía, el alejamiento de sus problemas, el desprecio a su voluntad manifestado en los cambios de Gobierno de Italia o Grecia; son el detonante mayor para el desarrollo de estos partidos. Un detonante en el que ha servido también como elemento aglutinador la corrupción, la desigual gestión de los tributos y el peso absoluto de los criterios economicistas de la estabilidad presupuestaria. Ha habido, en consecuencia, una mala gestión política que ha ayudado al desarrollo del populismo político.

Tanto es así, que el populismo se presenta como superador del conflicto tradicional entre derecha e izquierda. En efecto, se quiere sustituir por el debate entre los de arriba y los de abajo; o dicho de otro modo, entre la élite que no ha salido mal parada de la crisis y el pueblo que ha padecido la socialización de sus consecuencias a través de más paro y menos derechos sociales y una publificación de la deuda bancaria.

El conflicto élite-pueblo se plantea en el populismo a través de un doble elemento: por un lado, los problemas graves de ética pública que han aflorado, que van de los paraísos fiscales a los cobros en metálico, pasando por cualquier otro tipo de enriquecimiento indebido. Pero al mismo tiempo, la tecnocracia, la incapacidad de arbitrar una solución política alternativa al pensamiento único que se basaba en recortes de derechos servía de elemento para aglutinar.

Por ello, se reivindica la democracia directa; sustituyendo a la representativa. Un planteamiento que no deja de tener puntos positivos -como el mayor uso de la participación ciudadana en asuntos de especial importancia- y negativa -si esto no se realiza de forma adecuada, con suficiente información sobre cuál es el objeto de la consulta y las consecuencias de la decisión. Su llamamiento a una mayor democratización acostumbra a caer en el problema de que importa más el hito de recurrir a una pregunta popular que la respuesta, ya que dado que aquella no es concreta, esta plantea problemas. Es el caso paradigmático del referéndum griego antes del último rescate, en el verano de 2015 cuya pregunta era manifiestamente mejorable.

Ahora bien, esto no resulta suficiente.

Lo que hace diferente a los movimientos populistas, en los que coinciden todos ellos es en lo que respecta al cómo se plantea el debate político.

El debate pretende la creación de un “pueblo” como sujeto de la política que se quiere realizar, con lo que entronca el modo de hacer política populista con la idea gramsciana de la hegemonía, tal querida por algunos dirigentes de Podemos como Errejón. Para ello, el debate es impreciso y fluctuante. El discurso se realiza de forma sencilla oponiendo el yo -el pueblo- frente al ellos -la casta-; planteando los interrogantes de forma sencilla, con emotividad, llegando al corazón, y en donde la pregunta no admita matices.

Las puertas giratorias es un ejemplo. ¿Constitucionalizamos su prohibición? El problema inicial de qué es una puerta giratoria, cuántos años dura, en qué sectores afecta y a qué integrantes de la familia resulta obviado. Los ejemplos que se ponen de personas que dejaron el Gobierno hace más de 20 años es la prueba de lo que se está señalando. O cuando s quiere retomar la vieja redacción del artículo 135 de la Constitución ¿aparece en el debate que tener un contenido equivalente a ese es obligatorio gracias al Tratado de Estabilidad y Gobernanza de la zona Euro que firmó Rajoy en 2012?

Pero aunque haya unidad de planteamiento, las consecuencias son diferentes. Parten todos los partidos populistas de la reivindicación de la patria.La diferencia esencial, que al mismo tiempo es un criterio que impide una convergencia absoluta en el análisis de  los partidos populistas afecta a los objetivos generales de su política: en unos casos podemos hablar de partidos populistas de derechas (que son excluyentes) y en otros de izquierda (que son incluyentes). Inclusión/exclusión que se manifiesta en dos ámbitos: redistribución de la renta y tratamiento al diferente; ya sea este distinto por razón de raza o de religión.

En el caso del Frente Nacional francés y los demás populismos de derechas, la patria tiene un valor excluyente del extranjero. Un valor que se conecta en ocasiones con la idea de raza y usualmente con los valores de la religión cristiana. Sirve, de este modo, para poner a todo lo vinculado a la religión musulmana como enemigo.

En el caso de la izquierda, la patria (concepto que en España estaba vinculado al pensamiento franquista) se vincula a la gente, de tal manera que lo que se pretende es la redistribución de la riqueza para lograr una sociedad más equitativa. Y al mismo tiempo, para sustentar esta labor redistributiva, se realiza una reivindicación de las instituciones, frente a la anarquía de la globalización neoliberal que ha favorecido las acciones contra todos los Estados, tal como ha señalado Liria.